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El Ejército del Aire da de baja al último P-3 Orion, en servicio desde 1972

Ejército del Aire

El martes 14 de noviembre despegó por última vez, desde la Base Aérea de Morón, en Sevilla, el avión con matrícula P.3A-01, rumbo al Aeródromo de Cuatro Vientos, hacia su destino final, que será el Museo de Aeronáutica y Astronáutica.

Se trata del último P-3 Orión de la serie Alfa, en servicio en el Ejército del Aire desde 1972, y encuadrado en el Grupo 22 de Fuerzas Aéreas del Ala 11.Este grupo continuará realizando sus misiones de patrulla marítima exclusivamente con la versión P.3M modernizada.

Para un vuelo tan especial, los tripulantes del CISNE 31, indicativo radio del P.3A-01, vistieron el mono de vuelo naranja utilizado en el Ejército del Aire en los años 70, como homenaje a los veteranos de la unidad, muchos de los cuales acudieron expresamente a despedir a su viejo compañero en su última misión.

El aterrizaje en Cuatro Vientos se realizó sin novedad, pese a tratarse de una toma en pista corta, que requirió de la máxima pericia por parte de la tripulación, seguida de un remolcado no exento de complicaciones, para el cual se contó con el apoyo de un equipo de reparación de pistas del Segundo Escuadrón de Apoyo al Despliegue Aéreo (SEADA), que garantizó el paso seguro por las zonas más estrechas de las calles de rodaje. En el aparcamiento de Cuatro Vientos la tripulación fue recibida por una comisión de veteranos de patrulla marítima que también se había reunido para celebrar tal acontecimiento.

El P.3A-01, el ‘abuelo’, como les gusta llamarlo a los componentes del Grupo 22, dejará de patrullar nuestras aguas pero, luchador incansable, se resiste a aceptar el honroso retiro que le corresponde tras tantos años de servicio, y en breve asumirá nuevas obligaciones como embajador del Ejército del Aire en su museo, dando a conocer a la sociedad española la labor de nuestras Fuerzas Armadas.

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El coronel jefe del Ala 11 se dirigió a los veteranos que asistieron a la despedida de este ya, legendario avión, en los siguientes términos: “Veteranos de patrulla marítima, hoy nos toca despedir a un compañero especial. El avión P.3A-01, que ha estado en el Grupo 22 desde hace más de 40 años. Como sabéis, el Grupo 22 es el heredero de la primera unidad de lucha antisubmarina del Ejército del Aire, creada en 1962 en la Base jerezana de ‘La Parra'”.

El primer avión de la unidad fue el veterano Grumman ‘Albatross’ que, tras diez años de servicio, comenzó a mostrar limitaciones operativas, por lo que el Ejército del Aire apostó por adquirir una nueva plataforma de patrulla marítima y lucha antisubmarina, al nivel de otros países del entorno.

La mejor opción era el P-3 Orión, un avión turbohélice que presentaba unas cualidades únicas de alcance, autonomía y velocidad inigualables, tanto es así, que incluso hoy en día pocos aviones han podido superar sus ‘performances’.

Como parte del programa de adquisición, entre 1971 y 1972 el Ejército del Aire envió a Estados Unidos un total de 45 tripulantes para formar a las primeras tripulaciones de P.3. Así, el 25 de julio de 1973, aterrizaban por primera vez en España tres flamantes P.3A versión ‘Deltic Orión’. En esa época la misión principal de la unidad se centraba en el Estrecho de Gibraltar y el mar de Alborán, controlando principalmente el tránsito de barcos y submarinos del bloque soviético hacia el Mediterráneo durante los años de la Guerra Fría.

Con la baja definitiva de los ‘Albatross’ en 1978, la situación operativa del Ala 22 se hizo crítica, especialmente tras el trágico accidente de un P.3 ocurrido en 1977, que costó la vida de seis queridos compañeros y dejó a la unidad con solo dos aviones. Por este motivo, en 1979 el Ejército del Aire decidió realizar un contrato de leasing de cuatro P.3A a la US Navy, aviones que fueron devueltos progresivamente a partir de 1989, tras la compra de cinco P.3B a Noruega.

De esta época americana y de los tránsitos oceánicos quedan numerosas anécdotas que han ido pasando de boca en boca por las diferentes generaciones de tripulantes del Grupo 22. En cierta ocasión una tripulación logró convencer al controlador aéreo de Nueva York para que les autorizara el sobrevuelo de la Estatua de la Libertad, algo prácticamente imposible, considerando la estricta regulación americana.

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Y es que para ese AME 2221, que es nuestro querido P.3A-01 que hoy despedimos, ningún desafío ha sido imposible. Incluso tras la llegada de los modelos Bravos, periodo en el que el P.3A pareció quedar relegado a la función secundaria de entrenamiento, junto con su otro compañero el Alfa 02, ha tenido momentos en los que ha vuelto a convertirse en protagonista principal de la unidad.

Es por tanto obligado reconocer que en la época en que los ataques de la piratería somalí estaban en su punto más álgido, los años 2009 al 2011, fueron los Alfa los aviones que asumieron la principal carga de trabajo, para asombro de otros usuarios de versiones más modernas del P.3, como americanos, japoneses o alemanes. Gran parte del éxito, lógicamente, se debió al espíritu profesional y emprendedor del personal aquí presente.

Extraordinaria fiabilidad

Pero también es admirable que, incluso en estos últimos meses, firmado ya el día de su baja, lejos de renquear, el avión ha seguido prestando servicios a España sin fallar un solo día. Este mismo verano, el Grupo 22 ha tenido que asumir con el Alfa la responsabilidad SAR de los FIR de Madrid y Barcelona. Han sido más de dos meses alertados ‘H24”’ que se han materializado en dos activaciones por emergencia real en la mar.

Al mismo tiempo, la unidad ha seguido manteniendo con el Alfa las misiones habituales de vigilancia de nuestros espacios marítimos, y si hace 40 años se dedicaba a detectar a los submarinos soviéticos, en su última etapa de vida operativa su tarea se ha enfocado a localizar planeadoras de traficantes o pateras de inmigrantes a la deriva. Además, ha vuelto a zona de operaciones, a Yibuti, para sustituir a su compañero, el modelo Mike, durante una revisión periódica, sin fallar una sola misión en Atalanta…

Y, como regalo de despedida, ha permitido que la unidad soltara de comandante de aeronave a un teniente, uno más de los cientos de tripulantes forjados en la patrulla marítima, que deben eterno agradecimiento a un avión tan noble y grato de volar.

Texto: www.ejercitodelaire.mde.es