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El SLTA denuncia que algunos medios aéreos de incendios no respetan las normas básicas de seguridad

Dibujo publicado en la cuenta de Twitter del SLTA

Dibujo publicado en la cuenta de Twitter del SLTA

El Departamento de Seguridad del Sindicato Libre de Trabajadores Aéreos (SLTA), ha recibido notificaciones alertando del incumplimiento de las normas básicas por parte de algunos helicópteros de lucha contra incendios, que suponen un serio riesgo para la seguridad del resto de aeronaves y la población.

Ante estos hechos, el SLTA considera imperativo que la Agencia Española de Seguridad Aérea (AESA) se haga responsable de la vigilancia de estas operaciones como así se lo ordena la ley, y se dote de manera efectiva del personal y los medios necesarios para ejercer las labores de supervisión y vigilancia.

Contexto operativo

La operación de lucha contra los incendios forestales obliga a las tripulaciones a trabajar en un entorno hostil que, como es lógico, no está preparado aeronáuticamente como puede estarlo un aeropuerto. Los helicópteros y los pilotos se exponen a altas temperaturas, baja visibilidad, cables de alta tensión, humo, ausencia de radioayudas y cartas de aproximación, todo ello con condiciones ambientales constantemente cambiantes y con una gran cantidad de aeronaves operando en un espacio muy reducido.

Es por ello que la profesionalidad debe de ser extrema para realizar el desempeño de esta labor en unas condiciones óptimas de seguridad. Coordinación y comunicación son dos pilares básicos de esta operación. La ausencia de cualquiera de éstas en los incendios forestales, especialmente en un GIF (Gran Incendio Forestal) en el que trabajan un gran número de aeronaves, puede tener trágicas consecuencias a la par que una ineficiente labor de extinción.

Los pilotos al mando tienen la responsabilidad de notificar tanto su posición como intenciones. A su vez, los helicópteros de coordinación, a modo de controladores aéreos, son los encargados de efectuar una correcta sincronización entre los medios, trazando rutas y entradas tanto a los puntos de agua como al incendio.

Por desgracia, a pesar de las correctas labores de coordinación efectuadas por los helicópteros correspondientes, y a pesar de que la profesionalidad de la mayoría de pilotos contraincendios es realmente encomiable, son ya varias las notificaciones que han llegado hasta el departamento de seguridad del SLTA.

Sucesos

Los reportes se refieren, sobretodo, a la ausencia de comunicación por parte de algunas aeronaves, las cuales se introducen en los espacios aéreos congestionados sin someterse a coordinación previa, provocando con ello situaciones de enorme riesgo.

Uno de los sucesos reportados afecta a varios hidroaviones Canadair (los más grandes que trabajan en un incendio), que en un vuelo en formación para la descarga de agua, se vieron forzados a abortar la maniobra en corta final para evitar una colisión con dos helicópteros (pertenecientes a una BRIF), que no habían ni comunicado por radio sus intenciones ni notificado su posición.

El SLTA también ha sido informado de hechos como la caída reiterativa de cestas de agua (bambi) en cortos períodos de tiempo por parte una misma aeronave, o el sobrevuelo de núcleos urbanos o personal con el mismo desplegado, a pesar de estar expresamente prohibido.

Todos estos hechos preocupan seriamente al personal de extinción, tanto aéreo como terrestre, así como a parte de la población, tal y como se ha visto ya reflejado en algunos medios de información locales, pues han generado alarma social y un riesgo innecesario.

En el desarrollo de la investigación, el SLTA ha comprobado que estos hechos han sucedido en aeronaves muy concretas, tripuladas por pilotos con un perfil muy similar, la mayoría procedentes de servicios completamente distintos al de la operación de incendios forestales, en el cual solo permanecen unos pocos meses, o incluso días, en verano.

La normativa reflejada en el RD 750/2014 que regula la lucha contra incendios forestales, establece para esta operación unos requisitos mínimos de experiencia previa para comandar estas aeronaves.

La conjunción de todos estos sucesos denota una falta de experiencia y/o formación, así como un desprecio por los procedimientos establecidos, surgiendo a la vez muchas dudas de que este personal cumpla dichos requisitos.

Ausencia de control

La falta de supervisión por parte de la Agencia Española de Seguridad Aérea (AESA) es realmente alarmante, ya que no existen mecanismos ni personal destinados a la vigilancia y supervisión de las operaciones aéreas sobre el terreno durante el transcurso de las mismas.

¿Se imaginan una “operación salida” de verano, sin Guardia Civil en las carreteras, con ausencia total de controles, los radares apagados o sin helicópteros de la DGT vigilando?

Precisamente esto ocurre durante estas operaciones de extinción: no existe una policía aérea que vigile las posibles infracciones, ni nadie que supervise el correcto funcionamiento de los procedimientos establecidos.

Todo ello, además, propicia y alimenta prácticas de oscurantismo empresarial de muchos operadores más preocupados de maximizar beneficios que de operar con unos estándares mínimos de calidad o incluso acorde a la ley.

La consecuencia es que a día de hoy aún hay pilotos que no se atrevan a realizar notificaciones de seguridad ante la sensación de desamparo de una autoridad que deja campar a sus anchas a las empresas.

El SLTA exige, una vez más, el compromiso de la Administración para acabar con estas prácticas fraudulentas que atentan contra la seguridad, ponen en riesgo a las personas y machan el buen nombre del resto del colectivo de pilotos, altamente profesional, responsable y comprometido con su compleja labor.