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El aterriaje forzoso de un Antonov muestra las penurias de la aviación cubana

Foto: www.escambray.cu

Las penurias por las que atraviesa la aviación cubana han quedado esta semana reflejadas en una primera crónica del diario Escambray, en las que relata el aterrizaje forzoso de un Antonov An-2CX en una zona llana -«valle intramontano» lo denomina la periodista-, de la serranía de Escambray, tras habérsele «fundido» el motor.

El suceso ocurrió el pasado martes y se saldó sin que el aparato sufriese «ni un solo rasguño en la pintura azul y amarilla» del avión «gracias a la pericia de la tripulación». En el aparato volaban el piloto con más de 7.000 horas de vuelo, el primer oficial y un técnico de vuelo.

Personal de la Empresa Nacional de Servicios Aéreos se desplazaron al lugar con un camión y un motor, que procedieron a colocar en el viejo avión. La periodista relata que un técnico de ENSA «defiende la calidad de la maquinaria, de procedencia polaca, y asegura haber solucionado y sin mayores complicaciones averías de esta índole».

Ayer el avión despegó del campo y regresó a Sancti Spiritus, tras haberse acondicionado unos centenares de metros de pista rústica para el despegue. La periodista, en su segunda crónica no cesa de poner por las nubes al piloto que logró «salvar a la tripulación». Relata la informadora que «a pesar de que había ensayado [el piloto] situaciones parecidas un millón de veces en el simulador de vuelo y conocía de memoria el protocolo a seguir en circunstancias de emergencia, a la hora cero de nada valen los manuales. “No todos reaccionan tan bien, con tanta compostura”, explicó Ernesto Ignacio Cuéllar, director de la Unidad Empresarial de Base Sancti Spíritus de la ENSA».

Cuéllar dijo que realizó «un aterrizaje forzoso digno de antología», pues como reitera la periodista no les pasó nada «ni a ellos ni a la nave, que terminó rodeada de lomas por los cuatro costados sin abolladuras en la pintura azul y amarilla, sin un solo arañazo que distorsionara el rótulo de la matrícula: CUI 806».

La cronista explica que «una vez en tierra y todavía turbado, no se preocupó por el susto de los guajiros de la zona, que salieron despavoridos sin detenerse a proteger sus mulos; sino por llegar caminando hasta el teléfono más cercano para sacar de la incertidumbre a sus compañeros en la torre de control, quienes habían permanecido en vilo desde que un minuto y medio antes la tripulación se declarara en emergencia. Al lado de allá de la línea suspiraron aliviados cuando Ramírez Sánchez les dijo: “No se preocupen, nada nos pasó”».

Nota: Noticia conocida gracias a www.modocharlie.com.